domingo, 27 de febrero de 2011

Un caso de olor

Hace unas semanas llevo las fosas nasales congestionadas y todo olor se me escapa. Resulta que hay una epidemia de gripa en la ciudad que a mí me parece alarmante y que nada se hace. Los niños no paran de moquear y como paso todo el día con ellos durante la semana pues yo tampoco paro de moquear y, para completar, siento que la capa de smog aumenta, los árboles se envejecen, es decir, que estamos en una ciudad cada vez menos habitable, talvez no sea buen negocio traer hijos a un lugar tan deplorable. Hoy domingo, gracias a que mi amado me dio bebidas de limoncillo, he sentido una mejora y por fin ha vuelto el olfato a mi cerebro. Mientras caminaba por el centro, contenta porque es el día donde se puede caminar y medio respirar el aire más o menos limpio, me sentí desgraciada, todo lo que llegaba a mis narices era un olor putrefacto de la ciudad. Los orines llegaban con más ímpetu, las basuras apestaban en cada esquina, las alcantarillas podridas, como deben estar algunas o muchas cabezas, emanaban una hediondez infernal.
Sentía que fácilmente y en cualquier momento todo podría estallar, todo rebosaría y naufragaríamos en nuestra misma basura, en nuestros desechos arrojados sin conciencia.

martes, 25 de enero de 2011

Al final de la tarde


De nuevo vuelve a atardecer en éste blog que por unos días se regocijaba en el invierno. Es un nacimiento, uno de tantos que le han ocurrido, como a su escritora. Cuando los ríos, hace un mes, bajaban inundados y furiosos, hoy cuando hace pocos días no llueve, bajan secos y sedientos. No es el ciclo natural de la tierra y sin embargo ella se adapta a los cambios que el hombre le ha impuesto, hasta que llegue el día de su revolución, que talvez falte poco tiempo (2012). Y el hombre, especie detructora, va hasta el límite.
Ésta fotografías fueron tomadas en un viaje que hice al Cauca en noviembre de 2010. Es una tarde brillante y en compañía de seres maravillosos; los niños. En Popayán, después de llover bastante, el cielo se reconcilia con este bello atardecer, faltando cinco minutos para las seis de la tarde.




 


domingo, 26 de diciembre de 2010

El camino ruinoso


Hace un año, en esta misma temporada el calor atormentaba miles de poblaciones, los cultivos se perdían, incendios en cualquier zona vulnerable, y lo que yo pensaba al ver esto era en el invierno que se vendría después. Y es cierto, es un invierno que está hundiendo a Colombia, por no decir que al mundo entero. En estas fotografías muestro cómo encontré la vía que va de Medellín a Andes, al sur de Antioquia. Por aquí hace unas semanas se le vino la tierra encima a unos motociclistas y quedaron sepultados para siempre. El pueblo ha quedado sin comunicación con la ciudad por varios días. Toda la tierra se desploma, se hunde en sus propias fauces. El común se queja y se lamenta, les da pesar al ver las imágenes de los noticieros, ver cómo se hunden pueblos enteros, y de ahí no pasa. Alfredo Molano en sus últimas columnas en El Espectador ve llover y su corazón no hace más que mostrarnos este desastre: “La esponja que eran nuestras selvas y montañas ha sido arruinada. De ahí los derrumbes, los deslaves, y en general las inundaciones. La tragedia del barrio La Gabriela en Bello es un ejemplo brutal del efecto de la deforestación de ladera. Nada detiene la tierra desnuda una vez se llene de agua pese más. Simple: se derrumba, echa monte abajo y se lleva barrios, veredas, carreteras, puentes”.  Quisiera que pensáramos un poco en algo más allá, en todo lo que se nos ha olvidado desde un principio y porqué hemos llegado hasta tal fondo, hasta el innegable daño que se le ha hecho a la tierra. Hemos olvidado que hay lugares donde no se puede construir, donde no se pueden sembrar monocultivos, donde no se pueden explotar las minas, donde se desvían ríos y se talan árboles nativos y este olvido lo pagamos caro. Hemos dejado de lado la historia y ahora estamos viviendo las consecuencias. Los poderosos se han encargado de que lo olvidemos todo y vivamos en un mundo de fantasía, de máscaras y de ignorancia.  
La tierra sufre, se queja, se lamenta y sin embargo no se piensa en ella, se le maltrata y probablemente nada cambiará, por el contrario se aumentarán las tragedias hasta que no haya conciencia de todo esto, mientras no se tomen medidas drásticas y se haga algo razonable, porque de lo contrario Colombia quedará en el recuerdo, sino es que también se deja en el cajón del olvido y las nuevas generaciones no sabrán que alguna vez hubo Colombia.





lunes, 22 de noviembre de 2010

Caminando la palabra desde La Sierra Nevada

 Mensajes de los hermanos mayores para estas tierras

Una serie de crónicas indígenas rondarán por éste blog donde la principal invitación es a la resistencia y a la verdadera comunicación con la tierra.








Silencioso, con su vestido blanco de lana, simbolizando la nieve de la Sierra Nevada de Santa Marta, su tozcuma (gorro blanco) y su mochila que representa el vientre, porque allí se guarda lo necesario, está sentado en el auditorio de la biblioteca de Girardota, el Mamo Duavico Villafañe. Observa cautelosamente a los que lo quieren escuchar. Llegó desde la Sierra, de la comunidad de los Arhuacos; vino para dejarnos un sincero mensaje, para que reflexionemos sobre nuestra experiencia en la tierra, cómo la tratamos y pagamos su grandeza.
Al fondo pasan unas fotografías con rostros, montañas y cultivos de la comunidad Ika, de donde es el Mamo Duavico. Los mayores lo han enviado a la “civilización” para que cuente de ese daño que los hermanitos menores, los de occidente, le hacemos a la tierra y a los indígenas que son civilizaciones avanzadas y nos llevan años de ventaja, empezando porque viven en la tierra unos siete mil años. El Mamo anda acompañado de Andrés Pardo, quien traduce y explica el pensamiento y la cultura Ika. Andrés es el contacto que tienen en la ciudad, Bogotá, para que comunique el mensaje.
Habla Andrés


Los Arhuacos vivían libres en toda la Sierra Nevada, territorio que tiene los 7 pisos térmicos, se desplazaban por cada uno, dependiendo de las condiciones del clima y sus necesidades. Ahora están en la parte alta de la Sierra, porque la baja ha sido privatizada y expuesta para el turismo y los grandes proyectos industriales. Su labor de llegar a las ciudades es contar que las tierras les pertenecen ancestralmente, que es necesario recuperarlas y además cuidar de ellas.
El mamo o mamu es la máxima expresión de sabiduría de la cultura Ika o Vintukua que es el nombre tienen pero en occidente se les conoce como arhaucos. Para llegar a ser mamo se requiere que desde el momento de la gestación ya venga destinado por las fuerzas superiores del universo. El mamo nace y aprende los secretos de la naturaleza por el contacto vivo que desde niño él relaciona con todo el conocimiento que desde el origen les dejó kaku serankua (dios) y seynekun (la madre tierra).

En la cultura Ika el mamo desempeña un papel muy importante en el campo espiritual ya que en él esta consagrada la historia de la ley de origen. El mamo es fuente de pureza ancestral y es un poder que sirve para todos. Él, además, es la cabeza visible en lo que respecta a la parte política. El mamo es guía espiritual de la comunidad porque a diario mantiene un diálogo con todos los elementos del universo. El estudio de un mamo es de toda la vida y para llegar a ser Mamo Mayor se requiere de un total manejo e interpretación de los fenómenos naturales, porque ellos anuncian, ya que son la voz de los padres y madres espirituales de la creación. Habla Duavico




Duavico trae al hombro unas mochilas hechas por las mujeres, que muestra en todo su recorrido por Girardota. Andrés y Duavico fueron invitados por el proyecto literario En alas del libro.
Los Mamos pagan a la tierra todas sus bondades, devolviéndole lo que le pertenece, nada de basura, porque eso no le pertenece. Durante años han sido vulnerados por los proyectos de turismo que se quiere implantar en la selva, sin embargo, ellos no se han desplazado hacia el interior del país sino hacia el interior de la selva, viviendo como comunidad autostenible. Duavico en su recorrido por la palabra, nos trajo un documental hecho en la Sierra, por los mismos indígenas, donde cuentan de la invasión de los monjes capuchinos y cómo los sacaron (a los capuchinos) pacíficamente de la tierra. Habla Julián Ospina de En alas del libro

Y la realidad en la Sierra no es muy distinta a lo que pasó con los capuchinos. Son perseguidos, asesinados, por los poderosos para lograr sacarlos de sus tierras y convertirlas en carreteras. Para los Ikas es más importante la coalición del humano con la tierra para la unidad y convivencia, que grandes vías que desunan al pueblo. Es la conciencia de estar vivos y saber del espíritu que somos, con qué nos identificamos de nuestros antepasados, qué sabemos de ellos y de nuestros pueblos, cuál es nuestra cosmovisión.

viernes, 8 de octubre de 2010

Abrazo a la tierra




Hoy más que nunca, la tierra necesita ser abrazada. Un abrazo paternal, donde ella sienta que queremos reivindicarnos. Un abrazo que mueva cada rincón y que se convierta en una unión de su corazón con el nuestro. Así como estos árboles abrazan fuertemente a la tierra, con ganas de no despegarse nunca, es que debemos abrazarnos y abrazarla, porque es ahí donde sentimos quién nos aprecia y de qué manera apreciamos. Los invito al abrazo sincero y a dejar expandir nuestras raíces por todo el planeta para que los humanos no estemos tan solos y abandonados.

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